Leyendo Bartleby, el escribiente

Mañana, martes 25 de junio, terminamos el curso en las tertulias en castellano de Donostia Kultura. Para esta última sesión hemos añadido al programa el relato o novela breve Bartleby, el escribiente, ya que finalmente el encuentro con Manuel Vilas para charlar sobre Ordesa se retrasa hasta diciembre.
Bartleby, el escribiente está considerada como una de las obras maestras de su autor, y como uno de los textos más influyentes de la literatura decimonónica estadounidense. Además, este año se cumple el  segundo centenario del nacimiento de Herman Melville. Nacido en Nueva York en 1819, descendía de una familia de origen holandés, vinculada con el mundo del comercio y la navegación. Llevaron una vida desahogada (aunque acumulando grandes deudas) hasta que el padre falleció cuando él tenía 14 años. Obligado a abandonar los estudios, desempeñó distintos oficios: chico de los recados, empleado de banca, maestro rural… Al cumplir los 18 embarcó por primera vez, y volvería a hacerlo en varias ocasiones hasta 1844, tanto en barcos de carga y de pasaje como en un ballenero y un barco de la marina. Melville solía contar historias basadas en sus aventuras, y comenzó a publicarlas por escrito en obras con cierta base autobiográfica como Taipi (1846), Omoo (1847), Mardi (1849) o Redburn (1849).
Herman Melville
Algunos libros tuvieron éxito de público y en 1847 se casó en Elizabeth Shaw, hija de un eminente juez de Boston, lo que permitió a Melville llevar una vida más cómoda, dedicándose a tiempo completo a la escritura. A pesar de que su educación fue autodidacta, fue un lector voraz y acumuló una gran cultura: le interesaba tanto la ficción como las obras testimoniales, la filosofía, la poesía, la historia y las ciencias naturales… En 1849 realizó un viaje a Europa y a su regresó comenzó a escribir la que sería su obra más conocida: Moby-Dick (1851). En esta época, se instaló en una granja de Massachusetts donde tenía como vecino a Nathaniel Hawthorne, con quien mantuvo una estrecha amistad. Moby-Dick no obtuvo apenas reconocimiento, y fue considerada como otra novela de aventuras. Este fracaso pasó factura Melville, y su situación económica hizo que tuviera que regresar a Nueva York y aceptar un trabajo como empleado de aduanas. Su hijo mayor se suicidó 1867; y su segundo hijo murió de tuberculosis en 1886.
Herman Melville falleció en 1891, completamente olvidado. Sin embargo, su obra fue rescatada y, a partir de la segunda década del siglo XX, su figura se revalorizó hasta convertirse en uno de los escritores más apreciados de la literatura estadounidense. También Bartleby, el escribiente, publicado en 1853, ha vivido un proceso de recuperación y, a día de hoy, está considerado una obra maestra de la ficción breve.
  • En el prólogo a la traducción que hizo de este relato, Borges señala que Melville no pudo escoger dos mundos más distintos para sus obras Moby-Dick y Bartleby: los “desaforados espacios” en la primera; las “cuatro paredes de una reducida oficina”, en la segunda. Según Borges, el estilo refleja esta elección extrema y, así, en Bartleby es tan “gris” como su protagonista. ¿Estás de acuerdo?
  • Borges también señala que, a pesar de sus diferencias, Moby-Dick y Bartleby tienen en común algunos aspectos. Tanto el capitán Ahab como el escribiente consiguen arrastrar a otros en su locura. Y ambos protagonistas son personajes solitarios. “El tema constante de Melville es la soledad; la soledad fue acaso el acontecimiento central de su azarosa vida”. ¿Qué piensas al respecto?
  • Existen muchas interpretaciones sobre Bartleby, el escribiente. Algunas se centran en la posible enfermedad mental del protagonista, cuya pasividad y falta de motivación podría reflejar una depresión clínica. La narración también transmite una visión negativa de la sociedad contemporánea: burocrática, compartimentada, alienada… ¿Cuál es tu visión sobre la actitud de Bartleby?
  • Algunos críticos han centrado su análisis en la búsqueda de indicios autobiográficos. El autor había publicado su ambiciosa Moby-Dick y podía sentirse frustrado al tener que adaptarse a los moldes tradicionales, cuando en realidad a él le preocupaban las cuestiones filosóficas esenciales. Melville estaba influido por tendencias como el trascendentalismo y quizás quería reflejar sus ideas.
  • Finalmente, algunos expertos señalan que deberíamos fijarnos más bien en la actitud del narrador, el abogado sin nombre que da empleo a Bartleby. Aunque se percibe a sí mismo como justo y generoso, podemos preguntarnos hasta qué punto se mueve por un deseo de evitar la confrontación y el escándalo. ¿Siente curiosidad hacia Barleby, le admira, o no sabe cómo afrontar la situación?
Mañana tendremos ocasión para debatir sobre Bartleby, el escribiente, y además presentaremos el programa para la primera parte del próximo curso, de septiembre a diciembre. La cita será como siempre mañana, martes 25 de junio, en el salón de actos de la Biblioteca Central (cripta de la calle San Jerónimo) a las 19.30 horas. ¡Contamos contigo!
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