Leyendo Bartleby, el escribiente

Mañana, martes 25 de junio, terminamos el curso en las tertulias en castellano de Donostia Kultura. Para esta última sesión hemos añadido al programa el relato o novela breve Bartleby, el escribiente, ya que finalmente el encuentro con Manuel Vilas para charlar sobre Ordesa se retrasa hasta diciembre.
Bartleby, el escribiente está considerada como una de las obras maestras de su autor, y como uno de los textos más influyentes de la literatura decimonónica estadounidense. Además, este año se cumple el  segundo centenario del nacimiento de Herman Melville. Nacido en Nueva York en 1819, descendía de una familia de origen holandés, vinculada con el mundo del comercio y la navegación. Llevaron una vida desahogada (aunque acumulando grandes deudas) hasta que el padre falleció cuando él tenía 14 años. Obligado a abandonar los estudios, desempeñó distintos oficios: chico de los recados, empleado de banca, maestro rural… Al cumplir los 18 embarcó por primera vez, y volvería a hacerlo en varias ocasiones hasta 1844, tanto en barcos de carga y de pasaje como en un ballenero y un barco de la marina. Melville solía contar historias basadas en sus aventuras, y comenzó a publicarlas por escrito en obras con cierta base autobiográfica como Taipi (1846), Omoo (1847), Mardi (1849) o Redburn (1849).
Herman Melville
Algunos libros tuvieron éxito de público y en 1847 se casó en Elizabeth Shaw, hija de un eminente juez de Boston, lo que permitió a Melville llevar una vida más cómoda, dedicándose a tiempo completo a la escritura. A pesar de que su educación fue autodidacta, fue un lector voraz y acumuló una gran cultura: le interesaba tanto la ficción como las obras testimoniales, la filosofía, la poesía, la historia y las ciencias naturales… En 1849 realizó un viaje a Europa y a su regresó comenzó a escribir la que sería su obra más conocida: Moby-Dick (1851). En esta época, se instaló en una granja de Massachusetts donde tenía como vecino a Nathaniel Hawthorne, con quien mantuvo una estrecha amistad. Moby-Dick no obtuvo apenas reconocimiento, y fue considerada como otra novela de aventuras. Este fracaso pasó factura Melville, y su situación económica hizo que tuviera que regresar a Nueva York y aceptar un trabajo como empleado de aduanas. Su hijo mayor se suicidó 1867; y su segundo hijo murió de tuberculosis en 1886.
Herman Melville falleció en 1891, completamente olvidado. Sin embargo, su obra fue rescatada y, a partir de la segunda década del siglo XX, su figura se revalorizó hasta convertirse en uno de los escritores más apreciados de la literatura estadounidense. También Bartleby, el escribiente, publicado en 1853, ha vivido un proceso de recuperación y, a día de hoy, está considerado una obra maestra de la ficción breve.
  • En el prólogo a la traducción que hizo de este relato, Borges señala que Melville no pudo escoger dos mundos más distintos para sus obras Moby-Dick y Bartleby: los “desaforados espacios” en la primera; las “cuatro paredes de una reducida oficina”, en la segunda. Según Borges, el estilo refleja esta elección extrema y, así, en Bartleby es tan “gris” como su protagonista. ¿Estás de acuerdo?
  • Borges también señala que, a pesar de sus diferencias, Moby-Dick y Bartleby tienen en común algunos aspectos. Tanto el capitán Ahab como el escribiente consiguen arrastrar a otros en su locura. Y ambos protagonistas son personajes solitarios. “El tema constante de Melville es la soledad; la soledad fue acaso el acontecimiento central de su azarosa vida”. ¿Qué piensas al respecto?
  • Existen muchas interpretaciones sobre Bartleby, el escribiente. Algunas se centran en la posible enfermedad mental del protagonista, cuya pasividad y falta de motivación podría reflejar una depresión clínica. La narración también transmite una visión negativa de la sociedad contemporánea: burocrática, compartimentada, alienada… ¿Cuál es tu visión sobre la actitud de Bartleby?
  • Algunos críticos han centrado su análisis en la búsqueda de indicios autobiográficos. El autor había publicado su ambiciosa Moby-Dick y podía sentirse frustrado al tener que adaptarse a los moldes tradicionales, cuando en realidad a él le preocupaban las cuestiones filosóficas esenciales. Melville estaba influido por tendencias como el trascendentalismo y quizás quería reflejar sus ideas.
  • Finalmente, algunos expertos señalan que deberíamos fijarnos más bien en la actitud del narrador, el abogado sin nombre que da empleo a Bartleby. Aunque se percibe a sí mismo como justo y generoso, podemos preguntarnos hasta qué punto se mueve por un deseo de evitar la confrontación y el escándalo. ¿Siente curiosidad hacia Barleby, le admira, o no sabe cómo afrontar la situación?
Mañana tendremos ocasión para debatir sobre Bartleby, el escribiente, y además presentaremos el programa para la primera parte del próximo curso, de septiembre a diciembre. La cita será como siempre mañana, martes 25 de junio, en el salón de actos de la Biblioteca Central (cripta de la calle San Jerónimo) a las 19.30 horas. ¡Contamos contigo!
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Leyendo Loxandra

El próximo martes en la tertulia en castellano de Donostia Kultura charlaremos sobre Loxandra, una novela de María Iordanidu. Aunque en el programa inicial esta obra estaba prevista para junio, se decidió adelantarla debido al cambio de fecha de la sesión con el escritor de Ordesa, Manuel Vilas (que finalmente será en diciembre). Para junio se ha añadido un nuevo título al programa: Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años.
María Iordanidu (o Iordanidou) nació en Constantinopla en 1897. Su padre procedía de la isla griega de Hydra y trabajaba como ingeniero en la marina mercante; su madre era originaria de la ciudad. Entre 1901 y 1909 la familia vivió en el Pireo, el puerto de Atenas, pero tras su divorcio la escritora regresó a Turquía, donde ingresó en el Colegio Americano Femenino de Scutari; siempre bajo la supervisión de su abuela, Loxandra. El estallido de la Primera Guerra Mundial mientras veraneaba en Georgia le obligó a vivir durante un tiempo con familiares en Ukrania. Con la Revolución Rusa, su retorno a Constantinopla se retrasó hasta 1919. A su regreso trabajó para una compañía norteamericana, aceptando un traslado a Egipto, donde conoció al profesor Iordanis Iordanidis, con el que se casó en 1923. La pareja se instaló en Atenas; allí tuvieron dos hijos y María aceptó un puesto en la Embajada Rusa. En 1931 se separaron pero ella permaneció en la ciudad. Su casa fue destruida durante la ocupación alemana, y ella fue detenida e internada en varios campos. Tras la guerra, sus conocimientos lingüísticos le permitieron volver a encontrar trabajo.
María Iordanidu
Fueron sus amigos quienes le animaron a poner por escrito las historias de su juventud en Constantinopla. Así, publicó en 1963 (a los 65 años) su primer libro: Loxandra, con el que tuvo un considerable éxito. Le siguieron otros títulos (no traducidos) inspirados por sus vivencias personales: Vacaciones en el Caúcaso, Nuestro jardín, o Como los pájaros locos. María Iordanidu falleció en Atenas en 1989.
  • La historia de Loxandra gira en torno a la vida de su protagonista, matriarca de una extensa familia griega afincada en Constantinopla. Ella es alegre, dominante, hedonista, supersticiosa… ¿Qué rasgos del carácter de Loxandra destacarías?
  • La ciudad tiene casi el mismo protagonismo que la propia Loxandra. Constantinopla ya una megalópolis en la época, a finales del siglo XIX y principios del XX: extensa, densa, vibrante y diversa. ¿Qué aspectos te han llamado la atención?
  • Según se aprecia en Loxandra, dentro de la cultura griega la comida tiene una gran importancia. La narración se recrea en la descripción de los ingredientes, la preparación de los platos, sus sabores… ¿Qué crees que aporta todo esto al relato?
  • Aunque el microcosmos de Loxandra parece inalterable, el contexto geopolítico es muy inestable: la convivencia entre comunidades está marcada por la violencia; es una época de guerras y conflictos. ¿Qué sensación te deja este contraste?
  • La línea sucesoria de Loxandra pasa por su hija Klío y la hija de ésta, Ana (Roxani), alterego de la autora, que afirmó haber escrito esta novela como un homenaje a su abuela. ¿Te has parado a pensar que está escrita desde la memoria y la gratitud?
La cita para hablar sobre estos y muchos otros aspectos en torno a Loxandrá será el próximo martes, 28 de mayo. Nos encontraremos como siempre a las 19.30 horas, en el salón de actos de la Biblioteca Central (cripta de la calle San Jerónimo). También aprovecharemos para recoger propuestas de cara al próximo curso. ¡Te esperamos!
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Leyendo Los turistas desganados

El próximo jueves, 9 de mayo, cerraremos el curso en la tertulia de Zarautz con una sesión muy especial, ya que podremos conversar con Katixa Agirre sobre su novela Los turistas desganados.
Katixa Agirre nació en Vitoria-Gasteiz en 1981, se doctoró en Comunicación Audiovisual y trabaja como profesora en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV/EHU. Ha sido columnista en diversos medios, incluyendo Diario de Noticias, Deia y Argia. En cuanto a su carrera literaria, es autora de libros infantiles como Paularen seigarren atzamarra, Ez naiz sirena bat, eta zer? o Patzikuren problemak, y para adultos. Ha publicado las colecciones de relatos Sua falta zaigu (2007) y Habitat (2009). En 2015 publicó su primera novela, Atertu arte itxaron, que tradujo al castellano bajo el título Los turistas desganados. En 2016 obtuvo la Beca de Novela Agustín Zubikarai, que le permitió desarrollar un proyecto sobre la relación entre la maternidad y la creación artística, fruto del cual vio la luz en 2018 Amek ez dute.
Katixa Agirre
Aunque Los turistas desganados se ha calificado de “postmoderna” (sobre todo por el uso de la intertextualidad), la autora explica en una entrevista: “Yo la veo bastante clásica, con el viaje del héroe, sus pruebas y su clímax final. De haber algo, hay una parodia de lo postmoderno, esta tendencia a mezclar autora y narradora, a que la autora enseñe sus cartas continuamente e interpele al lector, porque esa asociación entre autora y narradora es pura ficción. Es cierto que la narradora explica el relato constantemente. Pero esa explicación es pura invención, no son las verdaderas razones por las que yo escribí la novela”.
El jueves, 9 de mayo, podremos debatir sobre este y otros muchos aspectos de Los turistas desganados con Katixa Agirre. La sesión es abierta, y nos encontraremos como siempre a las 18.30 horas en Sanz Enea.
Zatoz!
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Leyendo El orden del día

Mañana martes, en la tertulia en castellano de Donostia Kultura charlaremos sobre El orden del día, del francés Éric Vuillard, galardonado en 2017 con el Premio Goncourt.
Vuillard nació en Lyon en 1968, en una familia originaria de la región del Franco Condado. Cuando era adolescente su padre, cirujano de profesión, decidió marcharse a vivir a una aldea alpina casi abandonada. El escritor interrumpió sus estudios y viajó por España y Portugal. Regresó a Francia para presentarse al examen de acceso y a la universidad y se licenció en Filosofía y Antropología, obteniendo un diploma de estudios en Historia y Civilización bajo la dirección del filósofo Jacques Derrida (1930-2004).
Éric Vuillard
En 1999 publica su primera novela, Le chaseur. La mayor parte de sus obras toman como punto de partida hechos históricos: la caída del Imperio inca (Conquistadors, 2009), la Primera Guerra Mundial (La Bataille d’Occident, 2012), la colonización de África (Congo, 2012), la revolución francesa (14 Juillet, 2016 – traducida como 14 de julio) o, en el caso de L’Ordre du jour – El orden del día, el advenimiento del régimen Nazi. Este mismo año (2019) ha publicado La guerre des pauvres (La guerra de los pobres, todavía no traducida), basada en una rebelión que se produjo en el sur de Alemania en el siglo XVI, y motivada según su autor por el contexto actual, con el movimiento de los chalecos amarillos. En 2008 dirigió su primera película, Mateo Falcone, adaptación de una novela de Mérimée. Actualmente, Vuillard vive en Rennes.
  • El orden del día es un libro difícil de clasificar en cuanto al género literario al que pertenece: parte de un tema histórico y enumera una serie de hechos documentados, pero incorpora también elementos de ficción (como detalles o pensamientos que el autor ha tenido que imaginar). ¿Qué elementos del ensayo y de la ficción detectas?
  • No es la primera vez que leemos un libro ambientado en el contexto del Nazismo (u otros regímenes europeos próximos): leímos El chal, de Cynthia Ozick; o Todos nuestros ayeres, de Natalia Ginzburg. Dentro de ese contexto, ¿qué temas concretos crees que interesan al autor? ¿Hay algún aspecto que te haya resultado novedoso?
  • En cuanto a la forma en que están narrados los hechos, El orden del día es un libro fragmentario, con capítulos situados en distintos momentos, y una aparente fijación por pequeñas anécdotas intrascendentes (pero representativas). ¿Te ha resultado fácil de seguir? ¿Alguna”escena” te ha llamado la atención sobre las demás?
  • De esta forma, el principal objetivo del libro no parece ser dar una explicación general del momento histórico que trata y, de hecho, parece dar muchas cosas “por sabidas”. ¿Has tenido esa sensación? ¿Te ha resultado necesario ampliar o contrastar la información sobre algunos de los personajes o de los hechos mencionados?
  • Aunque la mayoría de críticas a El orden del día han sido positivas, un historiador (Robert Paxton) ha mostrado su desacuerdo con la visión del escritor, llegando a cuestionar su neutralidad y, por extensión, el valor del relato. Si te interesa, aquí puedes leer un resumen de la polémica sobre los límites de la ficción y la historia.
La cita para hablar sobre El orden del día será como siempre mañana, martes 30 de abril, a las 19.30 horas en el salón de actos de la Biblioteca Central (cripta de la calle San Jerónimo). Además aprovecharemos para comentar un cambio en el programa de las tertulias de este curso, ya que el autor invitado de mayo (Manuel Vilas, con Ordesa) no podrá asistir a esta sesión, por lo que la trasladaremos a septiembre. El libro previsto para junio (Loxandra) se adelantará a mayo, y en junio leeremos un clásico, Bartleby el escribiente, aprovechando el bicentenario del nacimiento de su autor, Herman Melville.
¡Contamos contigo!
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Donostia 1920: Eskerrik asko guztioi!

El pasado martes 23 de abril, Día del Libro, retrocedimos 100 años para recorrer la Donostia de los años 20. Más de 40 personas se habían inscrito para esta actividad organizada por Donostia Kultura, dinamizada por Slawka Grabowska y Amaia García, y dramatizada por la actriz María Alonso del Val.

Salimos a las 12.00 de la plaza Gipuzkoa, donde ya estaba instalada la carpa que acoge las actividades, así como los stands de las librerías. En el Boulevard hablamos sobre la población de Donostia en aquella época (cerca de 60.000 habitantes), la extensión de la ciudad, su crecimiento como capital de provincia y destino turístico. Pero también sobre un aspecto menos conocido: la clase obrera (un tercio de la población trabajaba en fábricas) y la conflictividad que se vivió en estos años, con 24 huelgas entre 1917 y 1920. En la segunda parada, junto al Ayuntamiento, profundizamos en el desarrollo del turismo, centrándonos en los principales hoteles y el Gran Casino. Para ello recurrimos a fragmentos de la novela Cabaret Biarritz, y hablamos de dos escritores que frecuentaron Donostia en la época: Baroja y Hemingway. Hicimos otra parada breve en la terraza del Naútico (fundado en 1896, el edificio racionalista que ha llegado a nuestros días es de 1929). Allí recordamos varias anécdotas que fueron la comidilla de la ciudad, como la caída de un coche sobre las casas del puerto o el aterrizaje de una avioneta en la playa de La Concha.

Aunque tuvimos algo de sirimiri, el tiempo respetó el paseo, y pudimos continuar por la Parte Vieja. Al lado de la fuente Kañoyetan, nos enfocamos en dos temas: la epidemia de gripe de 1918 (la “gripe española”), que tuvo un gran impacto en la población; y el suministro de agua, consolidado hace 100 años gracias a la compra de la finca de Artikutza. En este punto nos abordó la primera invitada especial del paseo: una “etxekoandre” de los años 20, nacida en un caserío del Antiguo, que vivía en la calle 31 de agosto con su marido y sus cinco hijos. Tras despedirnos de ella, nos dirigimos a la plaza Zuloaga, donde hablamos de la construcción del Paseo Nuevo y las noticias, o tal vez leyendas urbanas, que afirman que algunas personas, tras arruinarse en los casinos de la ciudad, se arrojaban al mar. Desde allí bajamos por la calle Aldamar hasta Reina Regente, donde charlamos sobre bares y cafeterías, negocios en auge en la época: en 1920 había 39 bares en Donostia. Además, el libro La ciudad de los ojos grises nos sirvió para recordar un negocio casi centenario, Casa Nicolasa. También hablamos sobre la construcción del Victoria Eugenia y el María Cristina, y sobre los precios que tenían los hoteles de lujo (tres duros la noche).

Cruzamos el puente del Kursaal para acercarnos al otro gran casino de la ciudad, cuyo nombre es de origen alemán: “kur” significa ‘cura’ y “saal”, ‘sala’, por lo que Kursaal se puede traducir como sala de curas, lo que nos remite a los balnearios del centro de Europa y sus instalaciones polivalentes para entretener a los pacientes. También leímos algunos fragmentos de la novela Kursaal, de Mila Beldarrain, cuya trama policiaca ambientada en la Belle Époque nos acompañó a lo largo del paseo. La segunda estrella invitada al paseo fue una “flapper” aristócrata, a la que se le había alargado la noche de fiesta. Tras despedirnos de ella recordamos lo efímero de la prosperidad de los años 20: en el caso de San Sebastián, la prohibición del juego con la dictadura de Primo de Rivera hizo que la ciudad se viera privada de importantes ingresos, y acabó cediendo a la vecina Biarritz su condición de urbe turística cosmopolita. Lo que sí perduró fue el puente del Kursaal. Su decoración modernista con seis grandes farolas le valió en la época el sobrenombre de “el seis de bastos”. El puente de Santa Catalina, muy anterior, se reformó en 1925. Desde allí miramos hacia otra de las grandes infraestructuras de la ciudad, clave para el turismo: la Estación del Norte.

En la Avenida de la Libertad, número 2, hablamos sobre una profesión (eminentemente femenina) en auge en la época: la red telefónica tuvo un crecimiento progresivo, y durante años las conexiones se realizaban de forma manual, por lo que hacía falta aumentar el personal. En 1928 la Sede Central Telefónica de San Sebastián, ubicada en la calle San Marcial, contaba con 38 empleadas. En realidad, el motivo de detenernos justo en el número 2 de la Avenida es que allí estuvo ubicado, en los años 20, el taller del modisto Cristóbal Balenciaga. Nacido en Getaria en 1895, desde muy joven se instaló en Donostia para aprender la profesión y acabó siendo uno de los diseñadores más prestigiosos. Entre sus clientas estaban mujeres de la realeza, pero también abrió una tienda dirigida a las clases medias, EISA costura. En este punto, una modista de Balenciaga se incorporó al grupo, y explicó cómo es trabajar para el maestro, incluyendo algunas anécdotas del taller. Acompañados por la modista, llegamos al último punto del recorrido, en el Boulevard, 2. Aquí vivía en los años 20 la escritora Karmele Saint-Martin (Carmen Navaz Sanz). De origen navarro, es conocida por sus libros de temática histórico-folclórica, como Nosotras las brujas vascas.

Este es solo un pequeño resumen del recorrido, en el que los y las asistentes también aportaron muchas historias, datos y detalles curiosos. Muchas gracias, eskerrik asko guztioi! El año que viene esperamos volver a recorrer Donostia con otro paseo literario.
Las imágenes que acompañan a este post fueron tomadas por Fernando Martínez Sarasqueta. En este enlace puedes leer el resumen del paseo que ha publicado Slawka Grabowska en su blog.

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El Día del Libro, viajaremos a la Donostia de los años 20

El próximo martes 23 de abril tendremos la ocasión de retroceder 100 años en el tiempo para recorrer la San Sebastián de los años 20, en una actividad incluida en la programación que organiza Donostia Kultura con motivo del Día del Libro, y dinamizada por Slawka Grabowska y Amaia García.
Esta década se identifica con una época de crecimiento, prosperidad y optimismo: los Felices años 20, los Locos años 20. Donostia conoció un rápido desarrollo del turismo, al ser escogida como una de las ciudades preferidas por la aristocracia y la alta burguesía para el veraneo. La población aumentó, se edificaron muchos edificios destacados, el comercio floreció. Fue una época brillante, pero tal vez efímera. ¿Cómo la vivieron las clases populares? ¿Qué nos dicen las huelgas sobre la conflictividad social de la época? ¿Qué impacto tuvo la prohibición del juego bajo la dictadura de Primo de Rivera?
Durante el paseo, que tendrá algunos pasajes dramatizados, recurriremos a la información histórica, a las noticias del momento y, desde luego, a la ficción, para dar respuesta a estas y otras muchas preguntas. También esperamos contar con aportaciones de las personas asistentes.

Será el cuarto año que exploramos la ciudad guiadas por pistas literarias: en 2016 seguimos los pasos de las mujeres en Bajo el cerezo de Mila Beldarrain, en 2017 nos adentramos en “todas las Pasaias” gracias a distintas novelas y autores, y el año pasado enfrentamos a Pío Baroja con su ciudad natal.
Esta vez el punto de encuentro será a las 12.00 horas en la plaza Gipuzkoa, en la carpa de Donostia Kultura (al lado de la Diputación). Partiendo de allí exploraremos la Parte Vieja, Gros y el Centro en un recorrido que durará algo menos de dos horas y terminará en el Boulevard.
Para inscribirse hay que enviar un email a la dirección liburutegiaalderdieder@donostia.eus.
¡Contamos contigo!
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Leyendo Padres e hijos

El próximo martes, 26 de marzo, en la tertulia en castellano de Donostia Kultura charlaremos sobre una novela clásica, Padres e hijos, de Iván Turguéniev.
Iván Serguéyevich Turguéniev nació en 1818 en Oriol, Rusia, en el seno de una rica familia de terratenientes. Su padre, que había sido coronel, murió cuando el escritor tenía 16 años, por lo que él y su hermano Nikolái quedaron al cuidado de su madre. Ella fue una figura despótica y abusiva, tanto con sus hijos como con los criados y la servidumbre. Tras completar la educación elemental, Turguéniev estudió en la Universidades de Moscú y San Petersburgo, especializándose en lenguas clásicas, filología y literatura. En 1838 se trasladó a Berlín para continuar con sus estudios de filosofía e historia. Se dice que volvió occidentalizado: pensaba que su país debería progresar imitando a Europa, y se mostraba partidario de abolir la servidumbre. A partir de los años 60, residió fuera de Rusia, sobre todo en Francia. Uno de los motivos para ello fue su estrecha amistad con la cantante española Pauline García-Viardot y su familia. Turguéniev falleció en 1883 en Bougival, cerca de París, y se le enterró con honores en San Petersburgo.

Iván Turguéniev
Considerado como uno de los grandes narradores de la era victoriana y como el más europeísta de los escritores decimonónicos rusos, su primer éxito literario fue Memorias de un cazador (1852), una colección de cuentos basados en observaciones del medio rural. Se dice que su lectura influyó al zar Alejandro II en su decisión de emancipar a los siervos. En su obra destacan las novelas Rudin (1857), Nido de nobles (1859), En vísperas (1860) y Humo (1867), así como las novelas breves Diario de un hombre superfluo (1850), Primer amor (1860) o Aguas primaveras (1872). Hay unanimidad entre la crítica en que Padres e hijos (1862) es su obra más lograda. Esta novela gira en torno al conflicto entre la generación de los 40 (bienintencionada, débil e inútil) y sus hijos, la juventud nihilista pre-revolucionaria, fuerte y decidida, que reniega del atraso y la frivolidad, pero también de la religión, la estética y la moral.
  • Padres e hijos fue una novela muy polémica, llegando a surgir diferentes corrientes de opinión. Algunos acusaban a Turguéniev de querer agradar y ensalzar a la nueva generación; otros, de no comprender y ridiculizar a los jóvenes. ¿Qué has pensado tú sobre las motivaciones y opiniones del autor?
  • La reciente emancipación de los siervos, un tema importante para Turguéniev, aparece como trasfondo de la historia, que transcurre en su mayor parte en explotaciones agrícolas en manos de terratenientes. ¿Qué otros aspectos de la sociedad rusa se describen (o se ponen en cuestión) en la novela?
  • Aunque hay más personajes jóvenes, Bazárov se alzó a la categoría de arquetipo. Es un joven despierto, realista, radical, (tal vez) algo soberbio y, en el fondo, lleno de contradicciones. ¿Qué impresión te ha dejado a ti? ¿Has apreciado una evolución en él a lo largo de la historia y, si es así, en qué sentido?
  • A pesar de que los protagonistas son hombres, algunos personajes femeninos tienen cierto peso: es el caso de Kúkshina, las hermanas Anna y Katia, o Fenéchka. Desde tu punto de vista, ¿qué valores encarnaría cada una de ellas? ¿De qué manera aparece el choque generacional también en ellas?
  • Padres e hijos está considerada una novela clásica. En tu opinión, ¿qué razones justifican su inclusión en el canon literario? Podemos prestar atención a la temática y el argumento, pero también al estilo: descripciones, conversaciones, ritmo, lenguaje… ¿Hay algo que te parece que esté desfasado?
Para ampliar nuestra perspectiva sobre Padres e hijos y sobre el propio Turguéniev, disponemos del dossier elaborado por las bibliotecas, pero también podemos recurrir al capítulo que les dedica Vladimir Nabokov en su interesante Curso de literatura rusa, o al precioso libro híbrido (biografía-ensayo-relato-poesía) de Moisés Mori Estampas rusas: un álbum de Iván Turguéniev. La cita para hablar de todos estos temas será como siempre el próximo martes, 26 de marzo, a las 19.30 horas, en el salón de actos de la Biblioteca Central (cripta de la calle San Jerónimo). ¡No faltes!
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